Mujeres que inspiran: Odile Fernández

Con motivo del Día del Cáncer de Mama, empiezo una serie dedicada a mujeres que me han inspirado.

Por Reme · 17 de octubre de 2026 · 12 min de lectura

Meditación y cáncer.

Mujeres que inspiran: Odile Fernández

Con motivo del Día del Cáncer de Mama, empiezo una serie dedicada a mujeres que me han inspirado. Y al cáncer, que junto con la meditación me ha traído hasta aquí. También a muchas mujeres maravillosas que han sido mis maestras durante todos estos años, y a muchos hombres a los que dedicaré otros artículos.

**Comparto mi experiencia personal; no sustituye el consejo de tu equipo médico.

Hoy quiero hablarte de Odile Fernández.

Licenciada en Medicina por la Universidad de Granada y especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, Odile tenía 32 años y un hijo de 3 cuando, en 2010, le diagnosticaron un cáncer de ovario con metástasis.

Aunque su caso no fue un cáncer de mama, su historia habla de algo que nos une a todas las mujeres que hemos recibido un diagnóstico así: el momento en que la vida se detiene y toca decidir cómo afrontarlo.

Su mayor motivación: ver crecer a su hijo. Eso la llevó a investigar sobre alimentación, estilo de vida y cuidado integral, combinándolos con los tratamientos médicos.

En 2011 creó el blog Mis Recetas Anticáncer. En 2013 publicó su primer libro, con el mismo título, que se convirtió en un éxito de ventas. Le siguieron Mi revolución anticáncer (2017) y Hábitos que te salvarán la vida (2023).

Fue una de las voces pioneras en España en divulgar una visión integrativa de la salud, y su mensaje es claro: confiar en la medicina y cuidar de forma integral nuestra salud pueden ir de la mano.

Mi conexión con Odile

Entre 2014 y 2015 asistí a una conferencia suya en Pinoso (Alicante), durante la gira de divulgación que hacía por la provincia de Alicante y la comarca del Vinalopó.

Yo estaba estudiando naturopatía, no meditaba y lo que más me interesaba de su obra era la alimentación anticáncer.

Quién me iba a decir que diez años después sería yo quien estaría pasando por un tratamiento oncológico, y que la meditación se convertiría en mi gran compañera de camino.

Mi propio camino

El cáncer te despierta a una realidad que pasamos por alto en el día a día: no somos eternos, la vida se acaba tarde o temprano; sin embargo, todos queremos que sea más tarde que temprano.

Esta realidad despierta otra realidad más profunda: somos responsables de nuestra vida, lo queramos o no. Responsabilidad no es culpa, es reconocer nuestro poder de cuidar nuestra vida y nuestro cuerpo.

Odile, como yo, confió en la ciencia, en los protocolos médicos y en los profesionales de la salud, pero tomó la responsabilidad de su parte: cuidar su cuerpo físico, emocional, mental y energético.

Yo creo en la ciencia, la medicina y la farmacopea, pero también creo que es compatible y deseable combinarlas con la prevención y el cuidado integral (nutrición, suplementación pautada con el equipo oncológico, terapia psicológica, ejercicio, meditación…).

Las causas del cáncer, como las de otras patologías, son multifactoriales: alimentación, contaminantes del entorno, inflamación sistémica, estrés crónico…
Todos estos factores internos y externos son factores epigenéticos o de estilo de vida, y se ha demostrado que influyen de forma importante en la salud.

Desde la naturopatía, la enfermedad es un desequilibrio en el cuerpo y sanar no es luchar contra el cuerpo, es escuchar lo que dice.
Nuestro cuerpo, aun enfermo, busca siempre restablecer el equilibrio: físico, emocional o energético.

Y, para que quede claro, nadie tiene la culpa de enfermar: la enfermedad no es un castigo ni un fallo personal, siempre hacemos lo mejor con lo que sabemos, y a veces simplemente ocurre.

Desde esa base, nos preguntamos: ¿qué ha ocurrido en mi interior y en mi exterior que ha propiciado el terreno para el desarrollo de esta enfermedad? No es una pregunta para buscar culpables, sino para escucharnos.

Quizás no encuentres la respuesta, y lo cierto es que no importa cómo fue, pero en el camino de esa búsqueda, sin duda te encontrarás a ti.

Cuando llega la enfermedad, el sistema sanitario, aún con sus defectos, está preparado para ayudarnos gracias a sus protocolos y a sus profesionales, que a veces, en condiciones precarias, trabajan con la mejor voluntad.

En agosto de 2025 recibí mi diagnóstico —tres carcinomas en la mama izquierda— y confié en los protocolos sanitarios y en los profesionales que me acompañaron.

En mi caso, el protocolo indicaba un tratamiento preventivo para evitar la recidiva porque, tras extraer los carcinomas y los ganglios de la mama izquierda, aunque el PET-TAC indicaba que mi cuerpo estaba limpio, no es posible detectar con ninguna prueba una célula cancerígena nadando por el torrente sanguíneo, y la evidencia indica que lo mejor es pasar por el tratamiento.

Me indicaron que mi viaje pasaría por mastectomía, quimioterapia, radioterapia y 5 años tomando la pastilla de letrozol.

Ya dije que confié en la medicina convencional, pero sobre todo confié en la fuerza de mi cuerpo para soportar la agresividad de un tratamiento que pasó como la lava de un volcán en erupción, abrasándolo todo; y confíe, en todo lo que yo podía hacer por mí.

Estaba preparada para afrontar el reto: años de ejercicio (yoga y running principalmente), mis conocimientos de naturopatía y dietética y, sobre todo, una actitud que he cultivado desde muy joven: disfrutar de lo mejor de mi presente.

Hay quien llama a esto ser optimista, e incluso piensa que ser optimista implica vivir en una realidad alternativa en la que no se ven los problemas. Y no es así.

La persona optimista, como yo, se queja, sufre y se preocupa, pero dirige los caballos de la mente hacia lo que sí funciona en su vida y lo disfruta, mientras lo demás se va resolviendo, a veces con esfuerzo y otras con el fluir de la vida.

Y fue la meditación la que me enseñó a hacerlo de verdad.

La meditación, durante el último año, me ha ayudado a anclarme a lo único que es real, el momento presente; ha traído a mi consciencia la impermanencia de la vida: todo pasa y todo cambia, lo queramos o no —el pensamiento, la emoción, la sensación… incluso la vida misma—.

Este sentimiento de que la vida pasa despierta las ganas de vivir, pero vivir de verdad, siendo una misma, aunque eso signifique a veces enfrentarse a los miedos que nos frenan.

El cáncer te quita de alguna manera este freno de mano que llevamos siempre puesto, esta inconsciencia dentro de la propia vida, que nos impulsa a habitar más el pasado, el futuro o algún lugar imaginario que nuestro propio presente. Te hace consciente de ese piloto automático que nos gobierna y nos dirige, corriendo sin parar, a ninguna parte. Nos ponemos metas y corremos detrás de ellas y, cuando llegamos a ellas, descubrimos que no es suficiente. Nunca es suficiente.

El cáncer te enseña que la meta es el propio camino: disfrutar el momento, atravesar el miedo con entusiasmo, priorizar lo importante, suavizar lo que no importa tanto…

Beneficios de la meditación en el cáncer

Esto es lo que la meditación me ha dado y lo que la investigación sugiere. Aún queda mucho por estudiar, pero diversos trabajos sobre mindfulness con pacientes oncológicos apuntan en esta dirección.

1. Gestión de las emociones, control del estrés y mejor descanso

La meditación ayuda a calmar el sistema nervioso, permitiendo transformar el miedo y la preocupación en aceptación (que no resignación) y serenidad.

Facilita la regulación emocional, ayudando a gestionar la ira y la frustración asociadas al diagnóstico y al proceso de tratamiento.

La práctica de técnicas meditativas y de respiración (pranayama) puede ayudar a combatir el insomnio y la fatiga asociados a los tratamientos oncológicos, permitiendo un descanso más profundo y reparador.

2. Mejor estado de ánimo y apoyo al sistema inmunitario
Al favorecer un estado mental positivo, se estimula la secreción de beta-endorfinas, sustancias químicas naturales que mejoran el estado de ánimo.

Algunos estudios observan que el estado de calma que genera la meditación podría fortalecer la respuesta inmune, con un incremento de la actividad de los linfocitos y de las células Natural Killer (NK), fundamentales en la defensa del organismo frente a patógenos y células tumorales.

Al contrarrestar emociones como el estrés y la depresión —que inhiben la multiplicación de las células NK—, la meditación puede permitir que el sistema inmune actúe con mayor eficacia.

3. Comprensión de la impermanencia y del fluir de la vida

A través de la meditación se experimenta corporalmente que la vida es un flujo constante donde «nada es permanente, todo cambia». Esta comprensión ayuda a aceptar los pensamientos y sensaciones sin intentar controlarlos rígidamente, y a fluir con la vida en lugar de resistirnos a ella, recordando que el miedo y el sufrimiento tampoco son permanentes.

4. Autoconocimiento, autocuidado y autoestima

La meditación es una terapia de autoconocimiento y autocuidado en sí misma, y fortalece nuestra autoestima.

Observar la respiración y el cuerpo, sin juzgar y sin expectativa, es la base para observarnos y conocernos profundamente.

Esto nos ayuda a procesar y resolver miedos o conflictos internos, evitando que el estrés psicológico no gestionado se acumule en el cuerpo.

Fomenta la autoaceptación, el amor propio y el perdón.

Aprendemos qué es lo que queremos y qué es lo que no, y esto nos ayuda a establecer límites (aprender a decir «no»).

Aprendemos a tomar una actitud activa en la propia salud y a tomar las riendas de nuestro cuidado.

Y cuando se practica o comparte en grupos de apoyo, reduce la ansiedad al poder expresar las emociones en un entorno de comprensión.

5. Potenciación mediante la visualización creativa
Combinar la meditación con la visualización dirigida permite enfocar la mente.

Y en meditación, una mente enfocada es una mente atenta, que ni rumia ni va en piloto automático.

Con esa atención puesta en imágenes que cuidan a nuestras celulas, la visualización puede ayudarnos de tres maneras:

  • Refuerzo de la confianza en la propia respuesta biológica: imaginar al sistema inmune (NK, linfocitos, macrófagos) fuerte y bien orientado, reconociendo y eliminando las células cancerosas.
  • Procesamiento de tratamientos: visualizar la quimioterapia o la radioterapia como aliadas potentes que actúan sobre el tumor mientras las células sanas se protegen y se regeneran.
  • Liberación emocional: utilizar imágenes simbólicas (como luz blanca que inunda el cuerpo o humo negro que sale) para soltar el dolor, el miedo, la ira y los sentimientos difíciles.

Mente y cuerpo dialogan constantemente: lo que pensamos y sentimos influye en nuestras emociones y nuestro estrés, nuestro descanso y nuestro bienestar, y por eso cuidar la mente es también cuidar el cuerpo.

Visualizar no sustituye al tratamiento, pero puede cambiar cómo lo vivimos, cómo lo pensamos y cómo lo sentimos, influyendo positivamente en nuestro bienestar.

Mini-práctica Sonrisa interior y Serena presencia en 5 pasos

La primera práctica meditativa que escribí y grabé con mi voz, fue para mí, una combinación de respiración consciente, escaneo corporal y visualización creativa de 45 minutos, que escuchaba mientras recibía la quimioterapia.

En ella imaginaba la quimioterapia como una lava medicinal y mis células sanas refugiadas bajo un manto de nieve.

Hoy te quiero regalar una micro práctica más sencilla que puedes utilizar en cualquier momento.

Está basada en la meditación taoísta de la sonrisa interior , una práctica preciosa de agradecimiento al cuerpo.

🌬️ 1. Observa tu respiración

Acomódate, con el cuerpo estable y firme.

Cierra los ojos lentamente.

Lleva tu atención a la respiración natural…

al aire que entra por la nariz…

y al aire que sale.

No cambies nada.

Solo observa, con curiosidad y sin juicio.

Esta es tu respiración, aquí y ahora.

🫧 2. Escanea el cuerpo

Siente y observa todo tu cuerpo.

Igualmente, sin cambiar nada, sin juicio, con curiosidad.

Comienza por tus pies, piernas, caderas y toda tu espalda.

Siente y observa tu abdomen, tu tórax y tus brazos, hasta llegar a tus manos.

Siente y observa tu cuello, tu cabeza y todo tu rostro.

Tu cuerpo entero está en calma.

😊 3. Sonríe a tus órganos y a tus células

Deja que una sonrisa muy suave aparezca en tu rostro…

Y ahora lleva esa sonrisa hacia tu interior.

Sonríe a tu corazón…

que late por ti sin descanso, desde antes de que nacieras.

Sonríe a tus pulmones…

que se expanden y se vacían con cada respiración.

Sonríe a tu estómago, tu hígado, tu páncreas y tus intestinos…

que transforman lo que comes en energía y nutrición.

Sonríe a tus riñones…

que filtran y limpian en silencio.

Sonríe a tu cerebro…

que se encarga de miles de cosas a la vez, sin que tengas que pedirlo.

Y por último, sonríe a tus células,

trabajando en armonía para sostenerte.

Deja que la sonrisa se expanda por todo tu cuerpo.

🙏 4. Serena Presencia

Suelta la atención en tu sonrisa interna ….

Vuelve a tu respiración natural…

Dirige tu mirada al entrecejo, el espacio entre tus cejas.

Mantente en serena presencia por unos segundos.

🌿 5. Agradecimiento y Cierre

Agradeciendo a la vida y a tu cuerpo que te sostienen.

Siente de nuevo el contacto de tu cuerpo con la silla, el suelo o el cojín.

Comienza a mover tu cuerpo suavemente.

Cuando estés lista (o listo), abre los ojos despacio.

Lleva contigo esta sonrisa interior y esta gratitud,

​💡 Un apunte para tu práctica cotidiana:

​Si te ha gustado esta práctica, puedes utilizar estos 5 pasos para guiarte a ti misma en tu silencio, incluso puedes ir alargando los tiempos, poco a poco.

Se sabe, que a partir de 15 minutos de meditación, empezamos a entrenar y a fortalecer el «músculo» de la atención, en el cerebro, activando y remodelando estructuras clave como la corteza cingulada anterior.

​Un pequeño hábito constante transforma tu cerebro y tu terreno interno día a día.

Para cerrar

A todas las mujeres que están atravesando este camino…

De Odile aprendí que se puede asumir la responsabilidad de la propia salud y tener criterio propio, sin dar la espalda en ningún momento a la medicina.

De la meditación aprendí a habitar el presente, a confiar en el proceso, a poner cada cosa en su sitio, a recordar que todo cambia y a fluir con la vida.

No estás sola. Y la meta es el propio camino.